Sindrome de Alienacion Parental

Dra. Deirdre Conway Rand -

Psicologa Forense

 PERIODICO AMERICANO DE PSICOLOGIA FORENSE, VOLUMEN 15, NUMERO 3, 1977

Los parrafos en color son caracteristicos del caso Potaz

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El  Síndrome de Alienación Parental, llamado así por el Dr. Richard Gardner, es una respuesta de contexto familiar típica al divorcio, en la cual el niño resulta alienado respecto de uno de sus progenitores, y acosado con la denigración exagerada y/o injustificada del otro progenitor.  En los casos más severos, la relación antaño cariñosa del niño con el progenitor objeto  resulta destruida.   El testimonio acerca del Síndrome de alienación parental (PAS) en los procedimientos legales ha levantado un intenso debate.  Este artículo en dos partes persigue arrojar alguna luz sobre el debate por medio de la revisión del trabajo de Gardner, así como de otras personas, acerca del PAS, integrando el concepto de PAS con la investigación realizada sobre divorcios altamente conflictivos y con otra literatura relacionada.  El material está organizado bajo encabezamientos temáticos tales como "padres que inducen la alienación", "el niño en el PAS", "El padre objeto de la alienación", "abogados y PAS" y "evaluación e intervención".  La segunda parte comienza con el niño en el PAS.  Se presentarán en ambas partes testimonios de PAS, desde casos moderados hasta agudos, algunos de los cuales ilustran las consecuencias para los niños y las familias cuando el sistema se manipula con éxito por parte del progenitor alienador, así como algunas difíciles pero efectivas intervenciones que han sido realizadas por la autora, por su esposo el Dr. Randy Rand y por otros colegas.


El Dr. Richard Gardner fue un experto psiquiatra infantil y forense, que realizaba peritajes para la justicia cuando en 1985 formuló el concepto de Síndrome de Alienación Parental (PAS) en un artículo titulado "Tendencias Recientes en el Divorcio y la Litigación por la Custodia" (1).  Su trabajo con niños y familias durante los años setenta le indujo a escribir libros como "El libro del Divorcio para Chicos y Chicas". "El libro del Divorcio para los Padres" y "Psicoterapia con los Hijos del Divorcio".  El conocía por experiencia que la norma para los hijos del divorcio era continuar queriendo mucho a ambos padres, a pesar del divorcio y del paso de los años, un hallazgo corroborado por uno de los primeros estudios a gran escala sobre el divorcio (2).  Con estos antecedentes, Gardner comenzó a preocuparse a principios de los ochenta sobre el creciente número de hijos del divorcio que estaba examinando, quienes, especialmente en el curso de las evaluaciones para la custodia, se embarcaban en la denigración de uno de sus progenitores, hasta el punto de expresar, en ocasiones, odio hacia el padre al que una vez amaron.  Él utilizó el término Síndrome de Alienación Parental para hacer referencia a los síntomas del niño , a raíz del divorcio, consistentes en la denigración y el rechazo de un padre antes amado.

El enfoque de Gardner sobre el PAS como perturbación propia de los hijos de un divorcio es único, aunque desde la mitad de los años ochenta en adelante ha habido una proliferación de literatura profesional sobre las tendencias perturbadoras en las disputas del divorcio/custodia, incluyendo las falsas acusaciones de abuso para influir en la resolución sobre dichos divorcio/custodia.  Al menos tres nuevos síndromes asociados al divorcio fueron identificados con posterioridad.  En 1986, dos psicólogos en Michigan aún desconocedores del trabajo de Gardner, publicaron el primero de varios documentos sobre el síndrome SAID, el acrónimo que Blush y Ross emplearon para "Acusaciones de abusos sexuales en el divorcio" (3).  Basándose en sus experiencias de peritaje para los tribunales de familia, y en las experiencias clínicas de sus colegas, estos autores delinearon tipologías para el padre que acusaba en falso, el niño involucrado y el padre acusadoDos de los síndromes del divorcio nombrados en la literatura tienen su enfoque esencial en la rabia y la patología del padre alienador o acusador en falso.  Jacobs, en Nueva Your, y Wallerstein en California, publicaron informes sobre casos de lo que llamaron el Síndrome Medea (4, 5).  Jacobs discutió el grabajo de Gardner sobre el PAS en su estudio de 1988 sobre una madre con el síndrome Medea, como también hizo Turkat cuando describió el Síndrome de la Madre Maliciosa Asociado al Divorcio en 1994 (6).  Este trastorno también puede hallarse vinculado a los padres varones, como muestra uno de los casos narrados más adelante, pero por alguna razón Turkat no logró hallar ninguno.  

Adicionalmente a los artículos específicos sobre el PAS y a la literatura que hace referencia al síndrome, hay un cuerpo de investigación sobre el divorcio, así como escritos clínicos que, sin darle nombre, describen el fenómeno.  La literatura revisada aquí proviene de numerosas fuentes, incluyendo ejercientes que, como Gardner, buscan mejorar los medios de diagnóstico y las estrategias de intervención de los tribunales y de otros profesionales que tratan con divorcios altamente conflictivos;  abogados y jueces que están en contacto con casos de PAS;  investigadores que, como Clawar y Rivlin, referencian el trabajo de Gardner sobre el PAS en su estudio a gran escala sobre la "programación parental en el divorcio" (7),  o como Johnston, cuyo trabajo sobre divorcios altamente conflictivos (8) la condujo a analizar el problema de los niños que rechazan la visita de su progenitor no custodio, incluyendo una reflexión sobre el PAS (9).  Cuando el PAS se contempla desde el punto de vista de las partes y de los subprocesos que lo generan, la literatura al respecto aumenta exponencialmente, por ejemplo:  características psicológicas de los progenitores que falsamente acusan en el curso de las disputas sobre el divorcio/la custodia;  cultos que ayudan a los padres que se divorcian a alienar al niño del otro progenitor;  y abusos psicológicos a los niños en casos de PAS severo, incluyendo el Síndrome Munchausen por abuso a través de sustituto.

Las tendencias identificadas por Gardner y otros, son el resultado de importantes cambios sociales que comenzaron a arraigar y florecer alrededor de mitad de los setenta.  El tratamiento legal del divorcio y la custodia de los niños varió desde la preferencia por dar a las madres la custodia en exclusiva y la "presunción de los tiernos años" a la inclinación por la custodia conjunta y el principio del "mejor interés para el niño".  Esto dió a los padres divorciados más opciones legales para seguir siendo padres de sus hijos, e incrementó la cantidad e intensidad de las disputas sobre el divorcio, en cuanto los progenitores disentían vehementemente sobre la variedad de posibles acuerdos sobre la custodia por los que ahora podían optar.   Al final de los años setenta, surgió la preocupación respecto a la programación del niño por parte de un progenitor, con el fin de influenciar en la decisión respecto a las disputas del divorcio y la custodia;  lo que conduja a la Asociación legal Americana en su sección de Derecho de Familia a comisionar un estudio a gran escala sobre el problema.  El resultado de este estudio de 12 años de duración fue publicado en 1991 en un libro llamado "Niños Rehenes" (7).  Clawar y Rivlin descubrieron que la programación parental era practicada en diverso grado por el 80% de los progenitores que se divorciaban, de los cuales el 20% lo aplicaban a sus hijos al menos una vez al día.  Continuaremos hablando sobre este libro más adelante.

Al mismo tiempo, a medida que han ido surgiendo las nuevas tendencias en los divorcios, algunos cambios sociales se han ido dando en el tratamiento social del abuso a los niños.  Un informe preceptivo se convirtió en prescripción legal en los años setenta, y los procedimientos para la elaboración de los informes se simplificaron de tal manera que los informes anónimos fueron aceptados y usados como base de actuación judicial en algunos estados.  A medida que el número de informes sobre abusos se duplicó prácticamente, también lo hizo el número de informes falsos o sin fundamento, de acuerdo con las estadísticas compiladas por el Centro Nacional para los casos de Abuso y Negligencia a la infancia en 1988, que mostraba que los informes no-válidos excedían en número los casos de abuso reportado bona fide en una proporción de dos a uno (10).

Según algunos observadores, las falsas acusaciones de abuso en casos de divorcio/custodia contenciosa  se han convertido en el arma definitiva.  El Juez Steward escribió que "los juzgados de familia de toda la nación sienten los efectos de una nueva falacia urdida por las partes que concurren en una disputa por la custodia:  la de que el otro progenitor abusa sexualmente del niño... El impacto de semejante acusación en un litigio por la custodia es sutil y trascendental...  el juez de familia está capacitado para hacer cesar el acceso al niño mientras se completa una investigación" (11, p. 329).  En respuesta a cuestiones como esta, la Unidad de Investigación de la Asociación por la Familia y los Tribunales de Conciliación obtuvo fondos para estudiar las acusaciones de abuso sexual en los casos de disputa en divorcios/custodias (12).  Se agregaron los datos de 1985 y 1986 recogidos de diversos juzgados de familia de todo el país.  En aquel tiempo, la incidencia de las acusaciones sobre abuso sexual en los casos de divorcio se cifró en un dos por ciento, pero variaba del uno al ocho por ciento dependiendo del lugar.  Los resultados de este estudio sugerían que las acusaciones en el contexto de un divorcio podían ser válidas sólo en un 50% de las veces.  Muchos de los consejeros y administradores de los juzgados que fueron entrevistados, creían que se estaban produciendo una mayor proporción de estos casos que en las décadas precedentes. 

Diez años más tarde, en 1996, el Congreso aprobó el Acta de Prevención y Tratamiento del Abuso infantil, para eliminar la inmunidad de la que gozaban quienes hacían premeditadamente acusaciones falsas, basándose en la información de que 2 millones de niños habían sido objeto ese mismo año de informes falsos, en oposición al millón de niños que habían sufrido auténticos abusos (13).  Adicionalmente, muchos estados habían ya habilitado leyes contra los informes deliberadamente falsos sobre abusos a los niños.  En California, donde ejercen la autora y su marido, la Oficina para la Prevención del Abuso Infantil revisó su manual para informadores de oficio hace varios años, para incluir una sección sobre acusaciones falsas, en la cual, el adoctrinamiento de los niños durante las disputas sobre la custodia se describe como un problema grave, y en el cual se hace referencia al trabajo de Gardner sobre el PAS (14).

Entretanto, los años ochenta fueron testigos de una campaña masiva para entrenar a los asistentes sociales, policias, jueces y profesionales de la salud mental en conceptos tales como "los niños no mienten cuando hablan de los abusos".   Para remediar la ceguera social hacia los abusos a los niños en el pasado, los profesionales fueron incitados a "creer incuestinablemente al niño" y a aceptar reflexivamente que todas las alegaciones de abuso contra el niño eran ciertas.  Una amplia difusión en los medios y una proliferación de libros y películas populares sobre abusos a niños continuaba sugiriendo que el problema era generalizado e insidioso.  Los padres y los profesionales afines fueron convocados para vigilar lo que se consideraban como "indicadores de comportamiento" del abuso sexual.  Estos incluían el síntoma tan común como vago de la baja autoestima, "indicadores" de conflicto tales como el comportamiento agresivo y autoaislamiento social, así como comportamientos infantiles que pueden ser normales en el contexto del desarrollo, tales como la curiosidad sexual y las pesadillas.  Se hizo caso omiso del hecho de que tales síntomas pueden ser desarrollados por el niño en respuesta a otras circunstancias estresantes, incluyendo el divorcio y la ausencia paterna.

También los niños están siendo sensibilizados hacia el abuso, instruídos acerca de lo que son "tocamientos buenos/tocamientos malos".  Al final de esta lección escolar, se les puede pedir que reporten sobre cualquier persona que ellos puedan considerar que les ha hecho tocamientos malos.  Aunque en algunas ocasiones esto ha servido para detectar algunas formas de abuso, los niños a veces no entienden bien la lección, como el caso de un cariñoso abuelo que levanta en brazos a su nieto como ha hecho muchas veces anteriormente, para encontrar que el niño le rechaza horrorizado, acusándole de "malos tocamientos".  Los adultos que dirigen estas clases están a menudo tan excesivamente interesados en encontrar abusos que en un estado del sur detuvieron a los padres de la mitad de la clase.

   

SINDROME DE ALIENACION PARENTAL.

Según Gardner, el PAS es una perturbación en el niño que, en el contexto del divorcio, es inducido a desaprobación y crítica de un progenitor, denigración que es injustificada o/y exagerada.  Gardner considera que el  PAS  nace primariamente de una combinación de influencia parental y de las contribuciones activas del propio niño a la campaña de denigración, factores que pueden reforzarse mutualmente.  Gardner distingue entre Síndrome de Alienación Parenta,l y el término "Alienación Parental".  Hay un gran elenco de causas de alienación parental, incluyendo el abuso parental de buena fe y/o negligente, así como déficits significativos en un padre rechazado que pueden no alcanzar el grado de abuso.  Desde la perspectiva de Gardner, el diagnóstico de PAS sólo resulta aplicable cuando el abuso, la negligencia y otras conductas llevadas a cabo por el padre alienado que puedieran justificar razonablemente la alienación sean relativamente mínimas.  Por tanto, Gardner concibe el PAS como una subcategoría especializada de la alienación parental genérica.  Desde que introdujo el concepto de PAS en 1985, Gardner ha escrito dos libros sobre la materia (15 y 16), e incluido un capítulo sobre el PAS en su libro titulado "Evaluación Familiar  en la Mediación, Arbitraje y Litigios por la Custodia del Niño (17).

Dependiendo de la severidad del PAS, un niño puede exhibir todos o unos cuantos de los  siguientes comportamientos.  Es la acumulación de estos síntomas lo que inclina a Gardner a considerarlos un síndrome:

1.       El niño está alineado con el progenitor alienador en una campaña de denigración contra el progenitor objeto, en la que el niño contribuye activamente.

2.       Las razones alegadas para justificar el desacreditar al padre objeto son a menudo débiles, frívolas o absurdas.

3.       La animadversión hacia el padre rechazado carece de la ambivalencia normal en las relaciones humanas.

4.       El niño afirma que la decisión de rechazar al padre objeto es exclusivamente propia, lo que Gardner llama el fenómeno del "pensador independiente".

5.       El niño apoya reflexivamente al progenitor con cuya causa está alineado.

6.       El niño expresa desprecio sin culpa  por los sentimientos del padre objeto u odiado.

7.       Se evidencian escenarios prestados, por ejemplo, las afirmaciones del niño reflejan temas y terminologías propias del progenitor alienador.

8.       La animosidad se extiende a la familia ampliamente y a quienes se asocia con el padre odiado.

En la experiencia de Gardner, obtenida tanto por la práctica clínica como por la investigación publicada (revisada más adelante), las madres son más frecuentemente adictas al PAS, sobre todo del que Clawar y Rivlin equiparan al secuestro psicológico (7)  Cuando quiera que el PAS coincide con la abducción física, son los padres los más frecuentes adictos, como señala Huntington (18).  Gardner reconoce que también los padres pueden suscitar PAS y muestra ejemplos en sus libros.  Por consistencia y simplicidad, él se refiere con "madre" al progenitor que aliena, y "padre" al progenitor objeto del PAS.

Según Gardner, el componente de lavado de cerebro en el PAS puede ser más o menos consciente de parte del progenitor que "programa" al hijo, y puede ser sistemático o sutil.  La contribuciones activas del niño a la campaña de denigración pueden ayudar a crear y mantener un flujo de refuerzo mútuo entre el niño programado y el progenitor que le programa.  Pese a las contribuciones del hijo, Gardner contempla al padre alientante como el adulto responsable que crea o trasmite un conjunto negativo de creencias respecto al progenitor objeto.  Las experiencias cariñosas del niño con el padre objeto en el pasado son reemplazadas por una nueva realidad, el escenario negativo trasmitido por el progenitor programador y compartido por el niño, que justifica su rechazo del padre alienado.  A la luz de estas observaciones, Gardner previno de que las afirmaciones de los niños en los casos de divorcio/custodia que versaran sobre el rechazo a uno de los progenitores no deberían tomarse en consideración literalmente, sino evaluados por el filtro de las dinámicas del PAS.  De acuerdo con la psicóloga Mary Lund, esta introspección es una de las contribuciones más imporatntes de Gardner, porque alertó al sistema legal, a los padres y a los profesionales de la salud mental que tratan con divorcios de una importante eventualidad que podría tener efectos desastrosos si se deja pasar desapercibida. (19)

Gardner subraya la importancia de distinguir entre PAS leve, moderado y agudo en la determinación de qué medidas legales y terapéuticas son de aplicación.  En los casos leves, existe alguna programación parental, pero el régimen de visitas no resulta seriamente afectado y el niño consigue adaptarse a las transiciones sin excesiva dificultad.  El niño mantiene una relación sana con el progenitor programador y normalmente participa en la campaña de denigración para mantener el vínculo emocional primario con el progenitor preferido, por regla general la madre.  El PAS de estas caracterísiticas puede normalmente verse atenuado cuando los tribunales confirman la custodia del progenitor preferido o primario.

En los casos de PAS moderado existe una programación parental considerable, con interferencias significativas en el régimen de visitas.  El niño a menudo experimenta dificultades en la transición de una casa a otra, pero eventualmente consigue calmarse y se involucra benevolentemente con el progenitor con el que convive en cada momento.  El vínculo entre el progenitor alienador y el hijo es aún razonablemente sano, a pesar de su convicción compartida de que el progenitor objeto es de alguna manera despreciable.  A este nivel se requiere una intervención legal más fuerte, y un perito terapeuta especializado en PAS resulta muy recomendable para organizar las visitas, oficiar profesionalmente en el momento de las transiciones de una casa a otra e informar al juzgado de los incumplimientos que se han forzado en el régimen normal de visitas.  Puede ser necesaria la amenaza de sanciones contra el padre alienador a fin de asegurar el cumplimiento del régimen de visitas ordenado.  Si fracasa la implantación de medidas legales y de intervenciones terapéuticas en el caso de PAS moderado, el niño puede quedar bajo riesgo de desarrollar un PAS agudo.  En algunos casos moderados, cuando han fracasado las medidas terapéuticas legalmente ordenadas y también las sanciones, Gardner afirma que puede ser necesario considerar seriamente el transferir al custodia al progenitor supuestamente odiado, asumiendo que el progenitor es adecuado.  En ciertas ocasiones, esa es la única esperanza de proteger al niño de la progresión hacia el grado agudo del síndrome. 

El niño que sufre un caso de PAS agudo es un fanático en su odio por el padre objeto.  El niño puede rehusar las visitas, formular de motu propio falsas acusaciones de abuso sexual o amenazar con huir, con el suicidio o con el homicidio si se le obliga a ver a su padre.  La madre y el hijo tienen un vínculo patológico, a menudo basado en fantasías paranoides sobre el padre, a veces hasta el punto de ser una locura  a dos.  En los casos agudos de PAS, Gardner descubrió que si se deja al niño permanecer con la madre, la relación con el padre está condenada y el niño desarrollará una psicopatología de larga duración, e incluso una paranoia.  Asumiendo la idoneidad del padre objeto, Gardner está convencido de que el único remedio efectivo en los casos de PAS agudo es dar la custodia al progenitor alienado.  En 1992 sugirió que los tribunales debieran ser más receptivos al cambio de custodia empleando un periodo transitorio con apoyo terapéutico para el niño, tal como una hospitalización, recurso este empleado profesionalmente por la autora de este artículo y su marido

 

La concepción inicial de Gardner sobre el PAS se basaba en la obsesión del niño por denigrar al padre objeto.  No fué sino dos años más tarde, cuando publicó su primer libro sobre el PAS, que vinculó el problema del síndrome con el de las acusaciones falsas de abuso sexual.  Gardner opta por la idea de que tales acusaciones son una derivación del PAS, y observa que a menudo emergen cuando cualesquiera otros esfuerzos de excluir al progenitor objeto han fracasado.  Parte de la literatura mencionada más adelante indica, no obstante, que las falsas acusaciones de abuso pueden aflorar incluso con anterioridad a la separación matrimonial, síntomas de una patología psiquiátrica previa del padre alienante que puede no diagnosticarse sino con el subsiguiente deterioro mental posterior al divorcio.  Gardner fue de los primeros en reconocer que involucrar a un niño en falsas acusaciones de abuso, es una forma de abuso en sí mismo y un indicador de problemas graves en el sistema legal del divorcio.  En la misma medida en que el PAS con acusaciones falsas de abuso puede redundar en la destrucción permantente de la relación del hijo con el padre alienado, puede ser incluso más dañino para el niño que si el abuso alegado hubiera realmente acontecido.

 

EL PAS EN DIVORCIOS ALTAMENTE CONFLICTIVOS

El divorcio altamente conflictivo se caracteriza por una situación prolongada de conflicto tras la separación, con hostilidad entre los progenitores que pueda haberse expresado abierta o encubiertamente a través del litigio en curso, con agresiones verbales y físicas, y tácticas de sabotaje y de engaño o fraude.  La literatura clínica y de investigación sugiere que el Síndrome de Alienación Parental es un tipo distintivo de divorcio altamente conflictivo que puede requerir intervenciones específicas frente al PAS, del mismo modo que los problemas de las familias divorciadas tienen más solución mediante intervenciones específicas relativas al propio divorcio que mediante la aplicación de terapia tradicional.  En su libro sobre niños atrapados en medio de un divorcio altamente conflictivo, Garrity y Baris tratan al PAS como una dinámica familiar que se suscita en casos de divorcio, dedicando dos capítulos al PAS, uno para comprender el fenómeno y otro para establecer un modelo comprensivo de intervención (21).

En los divorcios altamente conflictivos que no muestran síntomas significativos de PAS, los padres desarrollan la mayor parte de la confrontación mientras los niños se las arreglan para ir y venir de una casa a otra, mantener sus propios puntos de vista y retener su afecto por ambos padres.  Se las arreglan desarrollando habilidades activas para maniobrar en el contexto de la situación o adoptando una estrategia de supervivencia según la cual se trata a ambos progenitores con igual justicia y distancia (8).  Periódicamente, los niños pueden exacerbar los conflictos entre los padres cuando disfrazan las ansiedades derivadas de la separación propias de la edad, diciendo a cada progenitor lo que cada progenitor quiere escuchar y trasladando su supeditación de uno a otro progenitor.  Sin embargo, evitan una alineación consistente con un padre en contra del otro, y pueden disfrutar el tiempo que pasan con cada progenitor una vez que ha terminado el difícil proceso de transición de una casa a otra. 

En los divorcios altamente conflictivos con una presencia considerable de PAS, los niños se involucran personalmente en el conflicto de los padres.  Incapaces de manejar la situación de manera que puedan preservar una relación afectuosa con ambos, el niño se pone del lado de uno de los progenitores y en contra del otro, y participa en la batalla como aliado del padre alienador que se devine como "el bueno" frente al otro padre, que se contempla como "el malo".   En un estudio realizado entre 175 niños de familias altamente conflictivas, Johnson descubrió que la hostilidad crónica y el constante litigio entre los padres contribuía al desarrollo del PAS entre los hijos mayores (9).  En otras palabras, cuando el sistema se muestra incapaz de calmar y contener los conflictos de divorcio entre los padres, los hijos tienen mayores riesgos de desarrollar un PAS cuando crecen.  Johnston reconoce que sus logros apoyan la afirmación de Gardner de que hasta el 90% de los niños involucrados en un litigio continuado de custodia muestran síntomas de PAS.

Un estudio a gran escala de los patrones de conflicto legal entre los padres divorciados tres o cuatro años después de terminar el proceso arrojan hallazgos significativos en el sentido de que las parejas más hostiles en el divorcio no fueron necesariamente los que se involucraron en las batallas legales más contenciosas (20).  Esto sugiere que el PAS puede no darse sólo en el contexto de un litigio, sino que puede desarrollarse una vez que el litigio ha concluido, o con motivo de retomar nuevamente la actividad litigiosa después de varios años, apoyando así lo que Dunne y Hedrick descubrieron en su estudio clínico en familias con PAS agudo (22).

Conforme a la opinión de Johnston, el divorcio altamente conflictivo es el producto de un impasse de muchos aspectos entre los progenitores (8).  A menudo, el impasse tiene sus raíces en la vulnerabilidad extrema de uno de ambos progenitores respecto a temas relacionados con la herida narcisista, la pérdida, la rabia y el control.  Estas vulnerabilidades impiden un ajuste satisfactorio del divorcio y alimenta un ciclo inagotable y a veces en escalada de acción y reacción que promueve y mantiene el conflicto entre progenitores.  Los padres se quedan enquistados durante la transición, en una situación psicológica que no es ni de matrimonio, ni de separación ni de divorcio, un patrón que puede surgir incluso cuando sólo uno de los progenitores sufre perturbaciones significativas.  Usando el modelo de Johnston, el PAS puede concebirse como un esfuerzo por parte de uno de los progenitores, con la ayuda de los hijos, de "resolver" el impasse surgido del divorcio con una comprensión perfectamente inequívoca de quién es el bueno, quién es el culpable y de cómo el progenitor culpable debiera ser castigado.  El siguiente caso ilustra este supuesto.  Como en otros casos paradigmáticos que se intercalarán a lo largo de este artículo, el escenario descrito ha sido sintetizado de casos reales que la autora y sus colegas han presenciado.

El Sr. L había adoptado al hijo de su esposa, habido de un matrimonio anterior, y además, él y la Sra. L tenían un hijo propio, una niña de seis años, cuando el Sr. L. Dejó el domicilio familiar.  Durante los seis meses que precedieron a este súbito suceso, la Sra. L. había vivido en una parte de la casa con el hijo mayor, en tanto el Sr. L. y su hija tenían habitaciones juntas en otra parte de la casa.  Los padres apenas se hablaban, pero los niños deambulaban libremente por la casa con ambos padres.  En tales circunstancias, el Sr. L. no creyó que su esposa se opusiera a su marcha, pero por si acaso se producía una escena, decidió primero irse y luego abordar las consecuencias prácticas con la Sra. L.  Dejó una carta para ella y otra para los niños, explicando su decisión y afirmando su deseo de establecer un sistema para ver a los hijos y contribuir a su sostenimiento.  La Sra. L se enfureció.  Inmediatamente cambió las cerraduras y bloqueó con éxito todos los esfuerzos de su marido de contactar con los niños telefónicamente y de verlos.  Ambos niños se sintieron probablemente traicionados por su padre, y la Sra. L. amplificó esos sentiemientos diciendo a los niños que su padre los había abandonado y que no se preocupaba por ellos.  También le acusó de tener muchas aventuras durante el matrimonio, aunque el Sr. L. siempre lo negó.  Estas acusaciones pudieron surgir de que la Sra. L. supo seis semanas después de la marcha de su esposo de que este estaba saliendo con alguien.  Furiosa, le dijo al Sr. L. que nunca volvería a ver a los niños.  Ella y los niños comenzaron a llamar al Sr. L. y a su novia a todas horas, gritando acusaciones y obscenidades por teléfono hasta que se pudo obtener una orden judicial de restricción.  Cuando los esfuerzos del abogado del padre para intentar una mediación entre el Sr. y la Sra. L. chocaron contra un muro, el Sr. L. obtuvo una orden judicial respecto al régimen de visita.  Habían pasado tres meses cuando volvía a tener la oportunidad de ver a sus hijos desde que se marchó de casa.  En la víspera de esta visita, la Sra. L llamó al servicio de protección de menores y acusó al Sr. L. de acosar sexualmente a su hija.  De acuerdo con las notas del asistente social, que se exhibieron en el pleito posterior, la Sra. L. dijo al asistente social que  "sabía" que el Sr. L. acosaba sexualmente a su hija incluso en la época en que ambos convivía aún.

El juzgado de familia ordenó una informe sobre la custodia que se elaboró con minuciosidad y que se completó tras varios meses.  El evaluador documentó varias situaciones en las que las afirmaciones de la niña sobre el abuso y el odio hacia su padre habían sido fuertemente inducidas por la rabia abrumadora de la madre y del medio hermano mayor, que se había alineado intensamente con la madre.  A la Sra. L se le diagnosticó un severo trastorno narcicista de la personalidad con características antisociales, en tanto que el Sr. L. fué considerado por el evaluador como más bien pasivo en comparación, e igualmente ambivalente y soslayador de todo conflicto.  El evaluador pudo mantener una reunión con el padre y la hija juntos, durante la cual era visible el vínculo afectivo entre ambos.  Era la primera oportunidad para la pequeña de hablar con su padre sobre los sentimientos engendrados por su marcha.  Resultó también ser su última oportunidad.  El PAS se intensificó de tal manera que los intentos para volver a celebrar otras sesiones con el padre y la hija juntos fracasaron cuando la niña cogió una rabieta en la sala de espera y huyó gritando al aparcamiento donde esperaba su madre.

Siete meses después de la separación matrimonial, el informe del evaluador de la custodia se presentó.  Aseguraba que el abuso del que se había formulado acusación no había existido con toda probabilidad, pero fracasó a la hora de diagnosticar PAS agudo junto con las falsas acusaciones de abuso.  El evaluador recomendó que la madre retuviera la custodia y que la niña y sus padres se embarcaran en una terapia individual que permitiera facilitar  la reunificación de padre e hija.  No fué de sorprender que la Sra. L. se las arreglara para que el terapeuta internista que trató a la hija nunca viera el informe del evaluador de la custodia.  Basado en la información que trasmitía la madre exclusivamente, el terapeuta trató a la hija de un abuso sexual de su padre en lugar de facilitar terapia específica de divorcio encaminada a ayudar a la pequeña a ajustarse a la nueva situación de divorcio de sus padres y a establecer una relación post divorcio con su padre.  La rabia de la niña hacia su padre se fue extremando cada mes más, lo que hacía fracasar las visitas planificadas por el centro de mediación familiar.  Finalmente, un año después de la separación, el evaluador de la custodia se sintió inclinado a testificar la presencia de un PAS y a hacer las fuertes recomendaciones que se requerían para remediar la situación.  Para ese tiempo, el padre estaba ya convencido de que nadie podía hacer nada respecto a las contínuas expresiones de odio de su hija hacia él.  También se sintió intimidado por la perspectiva de una prolongación del litigio y de un mayor hundimiento económico.  Decidió dejarlo pasar, confiando en que un día, cuando su hija creciera, comprendiera y volviera a buscarle.

NIÑOS RETENIDOS COMO REHENES:  TRATANDO CON NIÑOS PROGRAMADOS Y CON LAVADO DE CEREBRO.

A finales de los setenta, jueces, padres y profesionales de la salud mental que tenían relación con el divorcio se preocuparon tanto de la programación parental de los hijos que la Asociación Legal Americana en su sección Derecho de Familia comisionó un estudio de 12 años entre 700 familias divorciadas (7).  Clawar y Rivlin hallaron que el problema de la programación parental estaba muy extendido y que incluso en los niveles más bajos tenía un considerable impacto sobre los niños.  Los datos de las múltiples fuentes analizadas que se analizaron incluían:  registros escritos, tales como transcripciones de juzgados, informes forenses, notas de terapias y diarios de niños;  cintas de audio y vídeo con interacciones entre los niños, sus padres y terceros relacionados con el caso;  observaciones directas, tales como hijos con padres y clientes con abogados;  y entrevistas con niños, parientes, amigos de la familia, profesionales de la salud mental, personal de los colegios, jueces y mediadores.

Los trabajos de Gardner sobre el PAS se referenciaban al principio del libro de Clawar y Rivlin (7), pero los autores se inclinan por lo que manifiestan ser su postura al respecto, que los casos menos severos no son causa de mayor preocupación.   Descubrieron que el PAS puede ser el resultado de una serie de procesos complejos, tanto si uno de los progenitores se embarca o no en una campaña sistemática de programación, y tanto si la alienación es el objetivo del padre que programa, como si no.   La alienación parental es sólo uno de los múltiples efectos nocivos.  De acuerdo con este estudio, incluso los padres bien intencionados a menudo intentan influir en lo que dicen sus hijos durante los procesos en los que se deciden la custodia y el régimen de visitas.

Los niveles suaves de programación y de lavado de cerebro por los progenitores tienen efectos considerables.

Clawar y Rivlin basan su trabajo en 30 años de literatura sobre la psicología social y los procesos de influencia social, que han recibido varios nombres en la literatura, tales como reforma, lavado de cerebro, adoctrinamiento, modelación, replicación, control mental, re-educación y persuasión coercitiva.  Estos términos describen varios métodos psicológicos para eliminar de las personas ideas que las autoridades no desean que tengan, y para reemplazar las viejas formas de pensar y de comportarse por otras nuevas.  Para los propósitos de la investigación, Clawar y Rivlin pusieron de manifiesto la necesidad de una terminología definida con mayor precisión.  Seleccionaron las palabras "programación" y "lavado de cerebro".  Definieron la palabra "programa" como el contenido, los temas y las creencias transmitidas por el progenitor programador al niño en relación con el otro padre.

El "lavado de cerebro" se definió como el proceso interactivo por el que un niño es persuadido a aceptar y elaborar el discurso desde el programa recibido.  El lavado de cerebro se da a lo largo de un plazo de tiempo, e implica una repetición del programa o de las palabras código que hacen referencia al programa, hasta que el sujeto responde con aceptación en sus actitudes y su comportamiento.

De acuerdo con Clawar y Rivlin, la influencia de un progenitor programador puede ser consciente y deseada o inconsciente y no intencionada.  Puede ser obvia o sutil, con recompensas por una respuesta positiva a la programación, que pueden ser materiales, sociales o psíquicas.  La ausencia de respuestas positivas a la programación puede resultar en sutiles castigos psíquicos tales como la retirada del cariño o un castigo corporal directo, como se ilustra en el caso de S., en la parte II de este artículo.  El autor localizó otro caso en el que la madre alienadora esposó a su hijo al cabecero de su cama cuando tenía 12 años por haber dicho el niño que no quería seguir diciendo que su padre había abusado físicamente de él.  El estudio Clawar y Rivlin demostró que los niños pueden ser participantes activos o pasivos en el proceso de alienación.  Como sugiere el caso de este niño de 12 años, la naturaleza y grado de la involucración el niño en un PAS puede cambiar con el tiempo. 

Este estudio identifica el rol influencial de otras personas en la vida del hijo, tales como parientes y profesionales alineados con el progenitor alienador, cuya adhesión al programa apresura el proceso de lavado de cerebro

De manera general, estos hallazgos parecen reproducir la investigación de la Dra. Johnson sobre los divorcios altamente conflictivos que identificaban la importancia de terceros en los conflictos parentales (8).  Rand hizo notar la influencia de los llamados "participantes profesionales en el Síndrome Munchausen por abuso a través de sustituto que en el curso de un divorcio puede solaparse con el PAS" (23)

Clawar y Rivlin identifican ocho fases en el proceso de programación/lavado de cerebro que culminan con un Síndrome agudo de Alienación Parental (7).  Reconociendo el desequilibrio de poderes entre progenitor e hijo, contemplan el proceso como producido por el padre alienador, que induce a la persuasión el niño en una base gradual, por pasos.

1.       Emerge o se elige un determinado tema sobre el que se concentran el progenitor programador y el niño.  Este puede estar vinculado a una ideología más o menos formal respecto a temas como la familia, la religión o las etnias.

2.       Se crea un sentimiento de apoyo y conexión con el progenitor programador.

3.       Se induce un sentimiento de comprensión hacia el progenitor programador.

4.       El niño empieza a mostrar síntomas de persuasión , tales como la expresión de temor a visitar al progenitor objeto, o rehusar a hablar con dicho progenitor por teléfono.

5.       El progenitor programador mide el grado de persuasión del niño, por ejemplo, preguntándoles tras las visitas que ha realizado al otro progenitor, y recompensándole por las respuestas "correctas".

6.       El progenitor programador mide la lealtad del niño pidiendole que exprese sus puntos de vista y las actitudes que pueden sugerir una preferencia de un progenitor sobre el otro.

7.       Esto produce la escalada, la intensificación o la generalización, por ejemplo ampliando el programa con retoques o con nuevas acusaciones.  El niño rechaza al padre objeto de manera global e inequívoca.

8.       El programa se mantiene, así como la persuasión del niño, variando desde pequeños recordatorios y sugerencias a una presión intensa, dependiendo de la actividad litigiosa y del esquema mental del propio niño.

ESTUDIOS CLINICOS DEL PAS.

Según Gardner, secundado por Cartwright, el Síndrome de Alienación Parental es un concepto en desarrollo, que la práctica clínica y forense refinará y redefinirá en función de la mejor comprensión sobre nuevos casos con características diferentes (24).  Esta sección revisa el trabajo de algunos ejercientes que, como Cartwright, buscan sobreedificar sobre el trabajo de Gardner contribuyendo con sus propios conocimientos y experiencias laborales con casos de PAS que van desde moderado a grave.

Dunne y Hedrick 

Ejercientes en Seattle, Washington, Dunne y Hedrick analizaron dieciseis familia que reunían los cirterios que Gardner definió para diagnosticar PAS grave (22).  Aunque los casos evidencian una amplia diversidad de caracterísitcas, los autores verificaron que los criterios de Gardner se mostraron útiles para diferenciar estos casos de otras dificultades asociadas al post-divorcio, dando apoyo a la idea de que el PAS tiene características distintivas que le distinguen de otras formas de divorcios altamente conflictivos.  Entre los casos de PAS grave examinados, algunos mostraban acusaciones falsas de abuso, y otros no.  Niños de la misma familia respondían a veces al divorcio con ajustes de naturaleza opuesta.  Por ejemplo, el hijo mayor de una familia, una niña de 16 años, se alineó con su madre alienadora, en tanto que el deseo de relación de su hermano de 12 años con su padre conduja al rechazo eventual del hijo por parte de la madre.

 



Lic. Oro Levy

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