La rana y el príncipe

Letra y Música de J.M. Serrat

 

Él era un auténtico príncipe azul

más estirado y puesto que un maniquí,

que habitaba un palacio como el de Sissí

y salía en las revistas del corazón,

 

que cuando tomaba dos copas de más

la emprendía a romper maleficios a besos.

Más de una vez, con anterioridad,

tuvo Su Alteza problemas por eso.

 

Un reflejo que a la luna

se le escapó,

en la palma de un nenúfar

la descubrió;

 

y como en él era frecuente,

inmediatamente

la reconoció.

 

Ella era una auténtica rana común

que vivía ignorante de tal redentor,

cazando al vuelo insectos de su alrededor

sin importarle un rábano el porvenir.

 

Escuchaba absorta a un macho croar

con la sangre alterada por la primavera,

cuando a traición aquel monstruoso animal

en un descuido la hizo prisionera.

 

A la luz de las estrellas

le acarició

tiernamente la papada

y la besó.

 

Pero salió rana la rana

y Su Alteza en rana

se convirtió.

 

Con el agua a la altura de la nariz

descubrió horrorizado que para una vez

que ocurren esas cosas, funcionó al revés;

y desde entonces sólo hace que brincar y brincar.

 

Es difícil su reinserción social.

No se adapta a la vida de los batracios

y la servidumbre, como es natural,

no le permite la entrada en palacio.

 

Y en el jardín frondoso

de sus papás,

hoy hay un príncipe menos

y una rana más.